Plou (rera la finestra)

I quan m’he girat de cop, no éreu rere la finestra.

I m’ha envaït de sobte, una pena, una tristesa tant i tan immensa… (tan violentament profunda…) que se m’ha quedat a dins al llarg de tot el dia, i ha confós les gotes de pluja; que dubtaven, tremoloses, i es volien deixar caure, totes, totes, dins dels meus ulls…

Se m’ha fet tan i tan insuportable el viatge …. Que no sé ni si he arribat a respirar…

 

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A Martí Pous i Serra, a qui mai he escrit.

 

Sobre la tauleta tinc una espelma que fa olor de lavanda.
Em recorda a tu.

Ara tothom parla del Rec Comptal,  de l’ Annexió de Sant Andreu a Barcelona, i aquestes coses que estudiaves, i després m’ explicaves tu. Amb aquella veu trencada i tant catalana.

T’ ho diré fluixet… Em fan una mica de ràbia!!!

Però ensumo l’ espelma i sé que no t’enfadaries pas. No sé si mai vas arribar a saber que era estar realment enfadat… Però, i com somreies!!!

L’ espelma fa l’olor de la teva colònia, i de la jaqueta de pana marró amb botonera daurada, tant lluent de com la duies de gastada, i tu tossut, no te la volies canviar.

Aquell va ser un dels pocs cops que no et vaig fer costat, i em sembla que et vares molestar una mica.

Jo la volia, la jaqueta, i finalment la vaig heretar.

Ara de cop me n’ he enrecordat i m’ ha sapigut greu.

Així que t’ ho vull dir…Perdona avi!

Amb la de confidències i secrets que et vaig guardar, i em va poder una maleïda jaqueta!!

I tu llavors no vares dir-me res… Només “Ai nina” mentre em pessigaves les galtes.

Avui he pensat que els morts els duem en vida amb nosaltres…a tu et bressolo, no em peses gens!!!

Los niños que nunca tuvimos.

 


Los has vuelto a escuchar en la habitación de la entrada.

Te levantas descalza y sientes que te duelen los huesos, y que hay humedad.

Empieza con un susurro, suena como un siseo. Luego le sigue un silencio y otra vez vuelve  a empezar.
Te quedas quieta y escuchas,  parada en el pasillo. Parece una nana.

Sientes los latidos tan fuertes dentro de tus orejas, que temes que todo sea una ilusión.

Te abrochas la bata, con el corazón en un puño y deshaces el camino, sigilosamente deprisa.

De nuevo, bajo las sábanas frías, lo vuelves a oir.

Susurras su nombre.

-“Los oyes, los escuchas?”

Por respuesta un suave ronquido.

Dos golpecitos en su espalda. Pruebas otra vez.

-“Están ahí; por favor, despierta”.

Él se remueve un poco. Se resiste a despertar, pero bajo el manto de la inconsciencia, percibe de que se trata, y tu urgencia y ansiedad.
Poco a poco se incorpora a tu lado.

En la penumbra te vislumbra una lágrima y te acerca su palma rugosa. Te acaricia, te habla, te acuna y te tapa.

-“Amor, no es nada. No te preocupes. Acuéstate”.

Le dices que no con la determinación y el gesto de una niñita obstinada.

-“Estamos a tiempo… Por favor. Por favor.”

El porfavor es casi un suspiro, una súplica.

Le llega al alma y le apena como nunca. Esta vez siente por dentro que debe acabar. Nota  además en sus espaldas el peso de los años,  y ya se ve viejo, sin ganas de luchar.

-“Vamos a mirar, cariño. Venga, vamos a mirar”.

Tu asientes y  le besas nerviosa.

Te ve esa sonrisa de antaño, traviesa y contenta. Que poco costaba que iluminara la habitación…

Se calza las zapatillas, y con la cabeza un poco gacha, cierra los ojos y reza un poco.

Nunca ha entrado a esas horas para mirar.

Tu le esperas de pie en la puerta. Le tiendes la mano y se la aprietas fuerte.

Él sabe que en ese momento le ama con toda su fuerza y traga saliva, cobarde y valiente.

Sonríe escondiendo la pena y es el primero en caminar.

Al fondo del pasillo, la puerta.

Avanzáis a media penumbra, cogidos de la cintura.

Se os ve muy ancianos, como ramitas secas, los dos abrazados.

Apoyas tu cabeza en su hombro y te balanceas al caminar.

Llegáis a la puerta. Nada se oye.

-“Amelia… No sé yo, si esto…”

Le pones un dedo en los labios y con los ojos cerrados comprendes que escucha.

Te ve tranquila y de pronto se da cuenta que ya no siente miedo.

Por debajo la puerta, un resquicio de luz.

Volvéis a agarraros de la mano. Él te mira esperando, que digas algo, que hagas algo, y  sabes que no habrá más excusas ni más dudas.

Te has rendido por fin, al cabo de tantos años.

Tu voz suena joven, y él recuerda el porqué te quiso des del primer momento en que le hablaste.

-“Son los hijos que nunca tuvimos. Nos han venido a buscar”.

El árbol de la vida.


Tras infinitas confidencias, conmigo misma y con los demás, he decidido que lo acepto: me declaro enamorada de la gente y de sus historias.

Más de sus vidas que de ellos mismos, ya que sus rutinas cotidianas no me pueden dañar (tanto).

Fascinada estoy.

Embelesada de todos estos seres maravillosos, con vidas ajenas a la mía, pero que cruzan de vez en cuando su camino con el mío, y me trastocan los sentimientos, transforman mis días y desvisten mis cimientos dependiendo de su intención y de mis hormonas.  Me ablandan o endurecen el corazón, y me destrozan el alma o la hacen más liviana. Que vacía me sentiría sino…

Gracias a ellos, soy como un árbol y forman parte de los anillos de mi corteza.

Soy un árbol intentando echar raíces, sin saber bien muy que hacer… Sin querer agarrarme del todo a la tierra, terca y salvaje, ni tampoco pudiéndome despegar.

Lo mismo  me pasa con las personas.

Caen también mis hojas marchitas, sin que la vejez vuelva agria la sabia que las alimenta y les da de beber.
Des de lo alto, dirijo las ramas apuntando hacia el cielo, anhelando los días de lluvia; mecidos por el viento mis nuevos brotes verdes, adormecidos, en un suave baile en las tardes soleadas.

¿Las podéis escuchar? Susurran palabras…

Crezco y me expando,queriendo arañar la luna, morderla y besarla, por ser tan bella, tan inalcanzable, por ser tan LUNA y ser tan fría.

Un poco es como morderme a mí…

Soy un árbol en el asfalto ( y hecha de asfalto un poco también).
Tengo ramas de alquitrán… que florecen a destiempo, y en cada pétalo nace una historia que alguna vez debería contar.

Porqué le ocurrió un día a alguien, o algún día  le pasará, o porqué de algún modo fueron importantes, y lo más importante…porqué llegaron a mí.

FUERON IMPORTANTES. Todas ellas.

Aunque se vistan de triste y se te despierten las entrañas al leérlas.

Y porqué nadie, jamás, las había contado con estas palabras. Quizás con otras, pero no así.

Mis ramas florecen por si le sirven a otros, del mismo modo que me ayudan a mí.

Me abrazo a mi misma, aspirando a  Gaia- Mama Tierra,  aunque cada vez más atea y más underground, tecleando semillas que germinan y  brotan, en nuevas entradas para este blog…que huele a infusión de hierbas dulces, y a polvo de buhardilla.

Me he transformado en una “hug tree“de mí misma. Me acaricio y me abrazo para calmarme la piel llena de esporas…cada una, una historia de otra persona, o de otro lugar…y alguna de mí.

Estoy cubierta  de musgo.

Musgo de pena, de alegrías y recuerdos de mi vida; de otras vidas, de esta vida, que es de todos y no es de nadie,  y que quisiera pasar al papel (antes de que pasemos página).

No tendré tiempo, ni me quedarán amigos. A no ser que me talen, no podré nunca dejar de hablar!!!

 El padre ausente.

Hoy he decidido que me marcho.
Lo dejo todo.
Incluso a mis hijos.
Me ahogo en un pozo oscuro del que en vano intento escapar. Me rompo las uñas escalando en busca de la salida. Resbalo y vuelvo a empezar…

No la encuentro. Estoy desganado y ya nada me importa.

Me he vuelto una inválido emocional.

Intento imaginarme las largas noches en que mis hijos se desgañitarán, llorando, gritando mi nombre; para acabar adormeciéndose en los brazos agotados de cualquier otro; cansados, vencidos por el sueño y por la tristeza.
No se rinden (aún).
¿Cuántas noches más me llorarán?

Imagino que sus sueños son inquietos y saben a lágrimas y a mi nombre; en una mezcla de triste y amarga realidad.
Tampoco quieren despertarse por las mañanas…

No siento nada. No me enternezco.

De mientras voy doblando otra camisa y la meto en la maleta.

Se hace tarde ya…
Recojo mi perfume y tras vacilar, lo saco de nuevo y lo vuelvo a poner en el estante.

Alguien podría querer evocar algún día como olía, o pulverizar un poco sobre la almohada para poder dormir mejor…

Lo pienso y no me apena.

Visto un traje de psicópata, hecho a medida y sin costuras. Una vez puesto ya no se puede quitar.

Cierro la maleta y dejo las llaves encima la mesa.

Vivo otra vida. Nunca he vuelto atrás.

Un día voy por la calle y me paro en un semáforo. Delante mío, de pronto, los dos.
Ella está dando saltitos. Está contenta porqué hoy va a nadar.
Él se pelea con la sudadera. La etiqueta le escuece y le pica, e intenta arrancársela y no sabe qué hacer.

En el esfuerzo saca la lengua y el flequillo le tapa los ojos. Su hermana le revuelve el pelo y de un tirón se la arranca.

-“¿Lo ves? Ahora ya está!
Los dos se miran, se dan la mano, y se sonríen: dos corazoncitos en medio de tanta gente que viene y que va…
No me he fijado en sus ojos…Imagino que seguirán verdes…verde musgo, decías tú.

Me detendré unos segundos en vuestros rostros, en el tono de vuestro pelo y en el gesto que teneis al hablar. Os aspiro y os retengo, en un instante, todo otra vez.

Me mirais y existe un microsegundo de instintivo reconocimiento mútuo, imperceptible, pero real (o eso quiero creer).

El semáforo se pondrá de nuevo de verde, y yo echaré otra vez a andar.
Algo mío se alejará con ellos.

Quizás luego ellos también se detengan y miren un momentito hacia atrás.Quizás les invada por un momento un déjà vu y una inquietud, pero sólo verán mucha, mucha gente andando.

Los dos con las manitas aún cojidas…

Han buscado tantas veces… Esta será sólo una más.

Llegaré a casa y saldrán a recibir-me mis otros hijos.

Me revolotean parlanchines, se me cuelgan pegajosos y dulces, huelen a piruleta.
Les cogeré en volandas y los pondré boca a bajo, y les sacudiré hasta que se les caiga la risa.

Le daré un beso a mi otra esposa.
Sonreirá con esos dientes blanquísimos, tras esos labios de fresa que un día me hicieron volar.

Tampoco sentiré nada.

Subiré más tarde al altillo.
Al fondo, casi olvidada, está la maleta que llené esa vez.
Jamás ha vuelto a ser usada.
Alargaré el brazo para poder acercar-la y sin darme cuenta la acariciaré.

Me quedaré dormido con la oreja pegada a su tapa, intentando escuchar el sonido de mi vida anterior, que cupo una vez en medio metro quadrado.

Me subirán por fin las arcadas.
Vomitaré antes de llegar a bajo, y al final me encontraré bien.

Elena ha preparado la cena.

Jo, en un conte

Ve pel camí de sorra una nena amb un jersei de color vermell. Carrega un cubell de plàstic groc, que té la nansa mig trencada. Té els ulls grossos i foscos i les galtes enceses. Li pesa una mica la panxa i esbufega a les pujades. S’atura de vegades, però va fent.

Al cubell hi porta móres. Després les vol aixafar i fer pastetes per jugar a fer missa, i fer beure que és el vi.

No és bonica, i plora massa vegades. No sap gaire perquè li passa, però tampoc no ho sap quan riu.
Duu tallats els cabells curts, curts, i té un serrell de mal pentinar.

Ella el voldria llarg…  No enten el perquè, però sap que el poden dur les altres nenes, però que amb ella no pot ser. Se les mira i les troba boniques. Voldria nuarse una cinta rosa i lila com fan elles també…però no es queixa, ni es pentina.

Als seus pares no els diu res.

Potser és que a ella no li quedaria prou bé; però juga posar-se clips i rampoines virolades mentre espera el seu torn per la dutxa, si està sola i ningú la veu. Després ho torna endreçar depressa, depressa, no fos cas que algú ho notés.

Cau la tarda a la muntanya.
Ja comencen a picar els mosquits.
Vol canviar-se les sandàlies. Són de plàstic, li van estretes i li estan encetant els peus. Deixa les móres al costat de la tenda de campanya, entra i fa córrer la cremallera des de dins.

A fora sent dues veus amigues, que parlen amb el to que fan servir pels misteris, moltes vegades els grans. Entén que xerren d’alguna persona i de que és  molt lletja i que a tothom li sap molt de greu.

“Pobreta, tenint una germana que és una nina”.

En acabar diuen el seu nom.

Després parlen d’altres coses, però ella s’ està inmòbil, aferrant fort encara la corretja i la sivella. Després li quedarà  una marca a la mà durant una estona.

S´espera a dins sense fer soroll.
Fa molta calor a dins la tenda. Li comencen a suar els plecs dels melucs i també té una mica de set.
Malgrat tot, s’està quieteta, i inclina lleugerament el cap, com fa sempre que escolta atenta.

Ella no ho sap, però fa una carona molt trista.

Silenci i quietud dins la canadenca.  Gairebé respira per dins.

Sent les dones que remenen els plats d’ alumini perquè baixen a rentar-los al riu. Escolta les seves rialles quan s’allunyen.
Té ganes de sortir, però no vol que la vegin.
S’ aixuga els palmells ressuats amb la samarreta i poc a poc es descorda una sandàlia i després l’ altra també.
Ja té aquella nosa al coll que li molesta. Però sap que si plora després ho notarà tothom.
No troba els mitjons i sent els altres nens que la criden.

Han quedat per fer la missa ja fa estona. S’ ha endut les móres, i està trigant.

No sap com, es posa les bambes.Els peus li escouen sense els mitjons.
Obre la tenda i mira enfora. No veu a ningú.

-“On vas tu sense els mitjons?” –és el que farà de capellà que l’ espera recolzat a un arbre.

-“No els trobo. No diguis res.“-I vol fer-se la valenta, però li tremola la barbeta i nota que li surt “aquella veu” i ja sap que passarà. Com sempre.

-“No calia que et poséssis guapa”– li diu ell ben ràpid  i sense mirar-la, mentre rosega una branca amb les dents; i ella ho sent mentre està ajupida i ja s´aixeca amb  la nansa de la galleda agafada a la mà.

S’ escampen per terra totes les móres. Rodolen i s’ embruten de sorra mullada, desapareixent moltes, camí avall, cap el riu.